¡USTED ES UNA LOCA, SEÑORA YOLANDA TERESA GUTIÉRREZ BONELLI!
LANZAMIENTO DE LIBRO «MARIPOSA REVOLUCIONARIA» (POESÍA REUNIDA DE NANA GUTIÉRREZ). SÁBADO 10 DE JUNIO DE 2023. Astartea Editorial.
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¿Cómo se le ocurre, señor Jesús de Nazareth, decir amaos los unos a los otros?
¡Usted es un loco, señor Jesús de Nazareth!
¿Cómo se le ocurre, señor Siddharta Gautama, más conocido como Buda, decir que lo más importante es la paz interior que permite el respeto, la compasión y la conciliación?
¡Usted es un loco, señor Siddharta Gautama!
El año 1971, el rector de la gloriosa sede Arica de la Universidad de Chile, Horacio Gederlini, iniciaba -más o menos así- su clase magistral al comenzar el año académico correspondiente. Su conferencia se llamó “Al rescate del sepulcro de don Quijote”.
No tengo duda alguna que si Gederlini hubiese conocido el poema (¿o antipoema tendría que decir?) “Para ilusos”, la habría incluido:
¿Cómo se le ocurre, señora Teresa Yolanda Gutiérrez Bonelli, más conocida como Nana Gutiérrez, decir “¡ilusos que clamáis a las puertas de las iglesias! ¡Escuchad, Jesucristo nació sordo!”
¡Usted es una loca, señora Yolanda Teresa Gutiérrez Bonelli!
Y habrían existido tantos y tantas que habrían afirmado -desvergonzadamente- en un coro multipolifónico que era cierto, que era una loca, una hereje, una desubicada, desquiciada, una rebelde, una disparatera, una antifamilia… que llegó a la locura como Quijote, Quijano o Quijada confundiendo (¿confundiendo?) molinos de viento con gigantes…
Como Armando Méndez Carrasco, sí, ese que desafiando incluso a la autoridad de su institución -era cabo escribiente o paco escribiente- se dedicó a escribir cuentos y novelas del bajomundo (¿hay un altomundo o un arribamundo sinonimizando cielos e infiernos?) y llenó sus páginas con historias de esos personajes, que hablaban coa, la lengua de los delincuentes, de la gente común y corriente, la de los márgenes, odiada por la academia, por la crítica conservadora defensora de los gatopardismos… para que parezca que todo cambia, para que todo siga igual…
Entonces, esa rebelde, esa disparatera, se me aparece caminando por Patricio Lynch, por San Marcos, por Sotomayor, alta, altísima, segura, mirando -no, mirando no- viendo, sí viendo de frente, desafiante, orgullosa… sí, orgullosa de ella, de la vida, de su vida, de su forma de ver el mundo, acusada de pecadora (¿se le habrá pegado en el paladar la hostia cuando hizo su primera comunión?… ¿se les pegó a ustedes pecadores, a ustedes pecadoras? ¡A mí sí!)…orgullosa ella de lo que escribía, de lo que transmitía, de la sociedad que quería, de conversar con otras y otros poetas, con jóvenes, le encantaba compartir con ellas y con ellos sueños, ideas, críticas, formas de escribir, de decir… de vivir… quizás habría sido bueno escuchar hablar de ella a José Martínez Fernández, a Carlos Amador Marchant, a Mayo Muñoz… más cercanos, más poetas…
Quizás ellos me habrían ayudado a entender lo que es la antipoesía, qué es ser un antipoeta o una antipoeta… ¿acaso cuando Juan Gris y Pablo Picasso cuando pintaron paisajes y personas estructurados en figuras geométricas fueron antipintores? ¿o El Greco o Modigliani por sus alargadas figuras? Mejor no sigo…
Y, seguramente, con Martínez, Muñoz y Marchant -y siguiendo la idea de Horacio Gederlini- armaríamos un destacamento potente -con escritoras y escritores, con pintoras y pintores, con músicas y músicos, con actores y actrices, con danzantes… con todos y todas-, destacamento para iniciar el trabajo del rescate además del sepulcro del hombre de La Mancha seguiríamos con el de Teresa Yolanda Gutiérrez Bonelli, de la Nana Gutiérrez y enarbolar su bandera rebelde, revolucionaria, insurrecta… disparatera como le llamara Neruda (a quien sólo cito por esta ocasión): “anoche hablé de ti en la televisión italiana, querida disparatera”, le escribió. Claro, no había posibilidad de llamarla o mandarle un whatsapp…
Y, estoy seguro, partiríamos rescatando a la Nana para que se sumara a la primera línea… y el rescate de todos esos sepulcros en rebelión permanente sería un abrir definitivamente los insectarios para que las alas no tengan los caminos definidos por el poder, para que los alfileres no vuelvan a clavar, crucificar, torturar, robar vidas y sean, por fin, un resumen de los versos de colores, de sabores, de olores… de vida, de amores.
Agradezco profundamente la posibilidad que me dieran Isolina Acuña y Erna Aros que organizaron el Segundo Encuentro Internacional de Escritoras “Nana Gutiérrez”, en octubre de 1999, y me invitaran a inaugurarlo, en el Teatro Municipal, cuando fui director de Arte y Cultura de Arica; y agradezco, también, a Astartea Editorial y a Cathartes Ediciones por permitirme, hoy, compartir estas palabras rebeldes… rebeldes como ella:
“Le repito por última vez: escribo Señora, porque ¡se me da la real gana!”, aclaró la gran Nana Gutiérrez…
A todas y a todos ustedes ¿cómo se les ocurre venir a una feria del libro? ¿cómo al lanzamiento de uno de ellos?
¡Ustedes, todas y todos, son unas locas y unos locos!
No se preocupen, en el momento preciso y necesario llegará el destacamento a liberarlos de su mortaja insectaria.

Muchas gracias.